– Padre, estuve buscando
sólo mi satisfacción.
Padre, me fui de tu lado;
he querido ser mayor.
– Mira, hijo mío,
yo te dejé partir;
mi corazón sufría
al verte sufrir.
– Ya ves lo que soy.
Ya ves; no te he sido fiel.
Padre, no tengo nada
pero vengo a Ti otra vez.
– Mira, hijo, mis manos
de ti jamás aparté.
Pequeño, ahora (ya) sabes:
tu vida está en mí.
– Padre, te doy gracias.
(… gracias). Me has hecho ver
que sólo -en tus brazos-
en Ti la vida hallaré.
– Hijo mío, ¿cómo quieres
que aún te guarde rencor?
Yo soy Dios y no un hombre.
Yo soy infinito amor.
– Gracias, Padre. Gracias.
Gracias por tu perdón.
“Él quería amar
a un Dios de cielo y paz.”






