El pueblo de Dios “en desierto” andaba;
guiándolo al frente, su Dios caminaba.
El pueblo de Dios no tenía nada;
tan sólo esperanza: su Dios lo alentaba.
¡Hoy somos tu Pueblo, Señor!
¡Vamos caminando!
¡Tan sólo tu gracia
nos basta y alcanza!
El pueblo de Dios también tuvo hambre
y Dios le mandó el pan de los cielos.
El pueblo de Dios, cantando, dio gracias;
gustó del Amor, …del Amor que no pasa.
El pueblo de Dios temía y dudaba
y a veces ‘costaba creer en su Dios.
El pueblo de Dios lloraba y rezaba;
pedía perdón y recomenzaba.
El pueblo de Dios, de lejos, miraba
la tierra querida que Dios prometió.
El pueblo de Dios corría y cantaba;
y, en sus alabanzas, El Amor proclamaba.






