En memoria tuya

Llegada la hora del retorno al Padre,

sabiendo que iba camino a su cruz,

reunió a sus amigos -en la última cena-

y nos dio Su Cuerpo, el Señor Jesús.

 

En memoria tuya: ¡Cristo redentor!

vamos a tu mesa en señal de amor.

 

Profundo misterio -de amor y ternura-

de querer quedarse antes de partir,

de dejar Su Sangre como Alianza Nueva,

de darla en Bebida antes de morir.

 

 “Tómenlo y coman pues esto es Mi Cuerpo”

 les dijo rompiendo, en su mano, un pan.

“Tómenla y beban pues esta es Mi Sangre;

la que por ustedes he de derramar.”

 

“Y hagan lo mismo cuando se reúnan

sabiendo que, un día, he de retornar

para convidarlos a beber -unidos-

de aquel Vino Nuevo

que el Padre ha de dar.”

 

Por eso, inclinados, Su Cuerpo adoramos

y -aunque nada vemos- nos basta creer.

El antiguo rito ha dejado paso

a Su Sacramento: Misterio de fe.

 

¡A Ti, Jesucristo, te damos la gloria

porque Tú nos diste El Don Del Amor!

¡A Ti la victoria, honor y alabanza

porque estas sentado al lado de Dios.

 

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