¡Jesucristo, danos de Este Pan!

 ¡Jesucristo, danos de este pan;

que tu pueblo crezca en la unidad!

 

Siendo Dios, hombre te hiciste

para poderte entregar

en la cruz, sangriento altar,

donde a los hombres te diste.

Al morir te diste todo

-ofreciéndote en la cruz-

y era el cielo, buen Jesús,

que nos dabas de este modo.

 

Cuando eres celebrado,

en cada misa, te das

pero ya no mueres más

porque estás resucitado.

Una vez todo te diste;

y es cada misa esa vez

hasta que vuelvas, después,

como (Tú) lo prometiste.

 

Tú, Señor, has visto el hambre

que tenemos de hermandad

y nos brindas la unidad

con Tu Cuerpo y con Tu Sangre.

(Y) Tu Cuerpo nos congrega

en eterna comunión

y La Sangre Del Perdón

hasta el corazón nos llega.

 

Que podamos -con María-

en tu Espíritu, Jesús,

ser los hijos de la luz;

más hermanos cada día.

Y estrechando nuestras manos,

obedientes a tu voz,

ser -así- Pueblo de Dios:

Servidor de los hermanos.

 

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