Tú, Señor, sabes bien
lo que (yo) tengo guardado en mi interior;
todo aquello que me aturde,
lo que no puedo olvidar,
esas cosas que no dejan caminar.
Tú, Señor -hasta hoy-
me has seguido en cada paso de mi vida
y me has dado grandes cosas
que no puedo olvidar;
esos momentos que en mi vida quedarán.
Por eso: ¡Ven, Señor Jesús,
que te quiero hoy decir
que mis ojos se han abierto
y que sin Ti no puedo más seguir!
¡Ven, Señor Jesús,
que ahora tengo el corazón
con un grito que me pide tu amor!






