Hoy Señor quiero contarte
algo que me está pasando.
En medio de este silencio
una voz me está llamando.
Es una voz que me dice
que le diga a mis hermanos
-con gozo y con alegría-
poniendo mi canto en lo alto:
¡Vuelve a casa, hermano mío!
¡Vuelve a casa
que el Señor, con amor,
se alegrará y te abrazará!
Ya no pienses en aquello
que una vez te hizo alejar;
pues: saber arrepentirse
es querer hacer la paz.
Si yo sé que (vos hermano)
no estás cerca de Jesús;
te invito a tomar mi mano
y marchemos tras su luz.
Canta conmigo esta letra,
carga en tu espalda tu cruz
que el dolor de tus heridas
es el camino a Jesús.
Y ahora que (todos unidos)
nos ponemos a rezar
me doy cuenta de lo mucho
que tenemos que luchar
pregonando al mundo entero,
convirtiendo más y más,
regalando estas palabras
por aquí y por allá.






