Comienza el Sacrificio
sublime del altar.
¡Cantemos al que pronto
su sangre nos va a dar!
La hostia está dispuesta
y el cáliz -redentor-
ya se alza sobre el ara.
¡Cantemos al Señor!
Por este sacrificio,
que es obra de tu amor,
la fe de nuestros padres
conservamos, Señor.






