Ya el altar se viste de alegría
porque esperamos
compartir la Eucaristía
y saber que tu presencia,
entre nosotros, recobra Vida.
¡Vino y pan…! /¡Mucho más!
¡… mi vida yo te doy
para hacer realidad
tu cuerpo, sangre y divinidad!/(2)
La juventud espera
-en la agonía- la amistad,
la tibieza de un nuevo día.
Señor, te ofrezco mi dolor;
dame el alivio de tu compañía.






